Un borne mal apretado no hace ruido y no se ve. Se va calentando durante meses hasta que el aislamiento del cable se degrada, el borne se carboniza y el cuadro se queda sin la línea que alimenta la producción. La termografía infrarroja sirve para verlo antes de que llegue ese día.
Qué es, en una frase
Una cámara termográfica mide la radiación infrarroja que emite cada superficie y la convierte en una imagen de temperaturas. Dentro de un cuadro eléctrico, todo lo que tiene más resistencia de la que debería —un borne flojo, un contacto oxidado, un fusible cansado, un cable justo de sección— disipa energía en forma de calor y aparece más caliente que lo que tiene al lado.
La ventaja es que la medición se hace sin contacto y con la instalación en marcha. No hace falta parar nada para detectar el problema. La parada solo hace falta para repararlo, y cuando llega ya sabes exactamente adónde tienes que ir y qué material necesitas.
Qué se detecta
- Conexiones flojas u oxidadas en bornes, embarrados y pletinas.
- Desequilibrios de carga entre fases.
- Interruptores y contactores con los contactos degradados.
- Fusibles y bases portafusibles con mal contacto.
- Cables y canalizaciones trabajando por encima de lo que les corresponde.
- Baterías de condensadores con escalones fuera de servicio.
- Motores, reductores y rodamientos con calentamiento anómalo.
Para que la medición sirva de algo
Una termografía hecha en mal momento no dice nada. Hay tres condiciones que no se pueden saltar.
Carga representativa. Un defecto se calienta en proporción al cuadrado de la corriente que pasa por él. Si mides el cuadro con media fábrica parada, un borne flojo puede pasar desapercibido. La inspección se debe hacer con la instalación trabajando como trabaja habitualmente, y la corriente de cada línea se debe anotar en el informe.
Acceso visual directo. El infrarrojo no atraviesa el plástico ni la chapa. Para mirar dentro de un cuadro hay que abrirlo en tensión, que es una maniobra de riesgo reservada a personal cualificado con los equipos de protección adecuados. La alternativa es montar ventanas de inspección infrarroja en las tapas: se mira sin abrir, la campaña dura menos y el riesgo baja mucho.
Un criterio escrito. Una imagen con manchas naranjas no es un diagnóstico. Lo que cuenta es el salto de temperatura respecto a una referencia: la misma pieza en las otras fases, o el ambiente. Como orientación, una diferencia de unos pocos grados se vigila, por encima de una decena de grados se programa la reparación y cuando el salto es de varias decenas se actúa enseguida. El criterio concreto lo debe decir el informe, no la intuición de quien mira la pantalla.
Qué debes recibir
- El termograma y la fotografía visible del mismo punto, para saber qué se está mirando.
- La identificación del cuadro, de la línea y del componente afectado.
- La temperatura medida, la de referencia y el salto entre ambas.
- La corriente y la temperatura ambiente en el momento de la medición.
- Una prioridad de actuación y una recomendación concreta.
Cada cuánto
Para el cuadro general y los cuadros de distribución de una nave en producción continua, una campaña anual es el mínimo razonable. Dos al año tienen sentido donde hay mucha maniobra, polvo o humedad: granjas, secaderos, líneas de envasado y cámaras. También vale la pena hacer una después de una ampliación importante y antes de una inspección periódica reglamentaria, porque los puntos calientes suelen coincidir con los defectos que encuentra el organismo de control.
La termografía no sustituye el reapriete periódico de conexiones ni la limpieza de los cuadros eléctricos: los ordena. Te dice adónde hay que ir primero, qué tienes que comprar y qué puede esperar a la próxima parada programada.
Si quieres una campaña termográfica en tus cuadros, contacta con nosotros y te asesoraremos sin compromiso.