En la factura eléctrica de una industria hay una línea que casi nadie mira: la energía reactiva. No es un impuesto ni un error de la comercializadora. Es un recargo que se puede eliminar casi por completo, y a menudo se paga durante años sin que nadie le ponga remedio.
De dónde sale
Los motores, los transformadores, las soldadoras, las bombas y los balastos necesitan un campo magnético para funcionar. La energía que crea y deshace ese campo va y vuelve por la línea sin convertirse en trabajo útil: eso es la energía reactiva. No hace girar ningún eje, pero ocupa la red, calienta los cables y obliga a dimensionarlo todo más grande.
La relación entre la potencia que realmente trabaja y la total que circula es el factor de potencia, el cos φ. Cuanto más bajo es, más reactiva estás consumiendo.
Cuándo te penalizan
El criterio sale de la orden ITC 1723/2009 y lo aplican todas las distribuidoras. En las tarifas 3.0TD y 6.XTD se factura la energía reactiva que supera el 33% de la activa consumida en cada periodo de facturación. Eso equivale, de forma aproximada, a un cos φ de 0,95: por encima de ese valor no pagas nada. En las tarifas 2.0TD el umbral es del 50%.
Del exceso salen dos tramos de precio según el cos φ: uno moderado entre 0,95 y 0,80, y otro claramente más caro por debajo de 0,80. En las tarifas de seis periodos, el periodo P6 —noches, fines de semana y festivos— no genera penalización por reactiva.
Para saber si te afecta, busca en la factura los kVArh facturados y mira en qué periodo se concentran. Muy a menudo todo el recargo viene de uno o dos periodos concretos, no de todo el día.
La corrección: batería de condensadores
Un condensador aporta reactiva de signo contrario a la del motor. Conectado en paralelo, suministra localmente lo que antes venía de la red, y el contador de la distribuidora deja de verlo.
Hay dos maneras de hacerlo. La compensación fija cuelga el condensador directamente del receptor —un motor grande que trabaja siempre igual— y es la más barata y la que menos mantenimiento pide. La compensación automática monta una batería de escalones en el cuadro general, con un regulador que lee el cos φ y conecta o desconecta escalones según la demanda. Es la solución habitual cuando la carga varía a lo largo del día, que es el caso de casi cualquier fábrica.
Tres errores que salen caros
Ignorar los armónicos. Los variadores de frecuencia, las fuentes conmutadas, los SAI y la iluminación LED inyectan armónicos en la red. Un condensador ofrece menos impedancia cuanto más alta es la frecuencia, o sea que se los traga todos. Si además la batería entra en resonancia con el transformador, las corrientes se multiplican y los condensadores se funden en pocos meses. En una instalación con electrónica de potencia, la batería debe llevar reactancias antirresonantes o filtros de rechazo, dimensionados a partir de una medición real de la distorsión.
Sobrecompensar. Una batería mal regulada que se queda conectada con la fábrica parada aporta reactiva capacitiva y sube la tensión en la nave, algo que castiga el equipamiento. Aunque hoy ese exceso no tenga un precio en la factura, no es una situación en la que convenga quedarse.
Instalarla y olvidarla. Los condensadores envejecen y pierden capacidad, los fusibles saltan y los contactores se degradan por los picos de conexión. Una batería de diez años a menudo da la mitad de la potencia que indica la placa, y el recargo vuelve sin que nadie haya tocado nada. Una comprobación anual, con medición de la capacidad escalón por escalón y termografía del conjunto, es lo que mantiene el retorno de la inversión.
Corregir el factor de potencia suele amortizarse en pocos meses cuando la penalización es constante, pero la única manera de dimensionarlo bien es medir. Con un analizador de redes una semana en el cuadro general se ve el perfil de carga, la distorsión y los periodos en los que se concentra el recargo. Si quieres que lo miremos, contacta con nosotros y te asesoraremos sin compromiso.